Una fotografía muda

Nadie como Clarice Lispector para ocultarse tras la voz de un escritor tomado por un relato, por un personaje marginal, una casi inexistente “norestina”, de nombre Macabea, inconsciente de su condición y para mantenernos caminando sobre el filo de la pena, sin posibilidad de llanto ni de risa, sintiendo que se nos vacía el cuerpo, que las ideas nos abandonan y que el sentir, único hecho posible, nos obliga a asirnos a las tapas del libro sin esperanza.

Las poco más de 60 páginas de “La hora de la estrella” nos presentan una geografía psíquica en la que la nada no deja espacio para la carencia, y donde la soledad es algo tangible. Macabea solo puede ser llevada a la muerte, a esa hora estelar, tras sacarla de ese terreno cercano a la santidad en donde habita y hacerla mínimamente consciente de sus carencias, mostrándole la forma de un futuro.

Clarice nos (me) regala una de esas imágenes que valen una vida, la de un relato “hecho de palabras”, sin argumento ni plan alguno, como una “fotografía muda” que muestra lo que es así, simplemente porque es así. “Cuando se presta una atención espontánea y virgen de imposiciones, cuando se presta atención, la cara lo dice todo.”

Y tanto documentalismo fotográfico, tanta lectura de imágenes, tanto análisis queda en suspenso, bajo custodia, hasta que la razón pague la fianza y nos regrese a terrenos más seguros. Pero esa seguridad sólo nos la da la mentira, la explicación plausible, no la verdad, ya que “la verdad es siempre un contacto interior inexplicable. La verdad es irreconocible”.


Clarice Lispector. ©2010 José Ramírez

Es una gran suerte

Es una gran suerte
no saber del todo
en qué mundo se vive.

Sería necesario
haber vivido mucho tiempo,
mucho más
de lo que existe el mundo.

Para comparar, siquiera,
habría que conocer otros mundos.

Olvidarse del cuerpo,
que nada hace tan bien
como limitar
y crear dificultades.

Por el bien de la investigación,
para tener una imagen clara
y conclusiones definitivas,
habría que elevarse sobre el tiempo
en el que todo corre y da vueltas.

Desde la perspectiva,
adiós para siempre
detalles y episodios.

Llevar la cuenta de los días
tendría que parecer
un acto sin sentido,

echar cartas al buzón,
un capricho juvenil,

el letrero "prohibido pisar el césped",
un letrero demencial.




Wislawa Szymborska
(02/07/1923  -  01/02/2012)

Paul Valéry "En el centenario de la Fotografía"

  • La Fotografía acostumbró a los ojos a esperar aquello que debían ver, y los instruyó a no ver lo que no existe y que veían claramente antes de ella.
  • Se diría incluso que, en las publicaciones, la imagen está tan celosa de suplantar a la palabra que se apropia de algunos de sus vicios más enojosos: facilidad y prolijidad. Me atrevería a agregar que la fotografía se atreve incluso a practicar la mentira, gran y siempre floreciente especialidad de la palabra.
  • Ciertamente debemos confesar que no podemos abrir los ojos sin estar inconscientemente dispuestos a percibir una parte de los objetos que están frente a nosotros, y a ver otras cosas que no están ahí. El cliché viene a reparar tanto nuestro error por carencia como nuestro error por exceso: nos muestra aquello que veríamos si fuéramos sensibles a todo lo que nos imprime la luz, y solo a lo que ella nos imprime.
  • La lengua cuenta con más de un término que lo atestigua. Hablamos, en sentido figurado, de claridad, de reflexión, de especulación, de lucidez, y de ideas; y disponemos de toda una retórica visual para uso del pensamiento abstracto.
  • ¿Qué emoción más filosófica que aquella que se puede experimentar bajo esa luz roja tan diabólica, que hace del fuego de un cigarrillo un diamante verde, mientras esperamos con ansiedad la llegada del estado visible de esta misteriosa imagen latente sobre cuya naturaleza la ciencia aún no se ha puesto definitivamente de acuerdo?
  • ¿No será necesario, a partir de ahora, definir el universo como un simple producto de los medios de los cuales disponga el hombre en cada época histórica para tener conocimiento de los acontecimientos, indefinidamente variables o distantes?
  • Si el número de estrellas acaba siendo una noción inseparable de los procedimientos que fijan ese número en un momento determinado y permiten censarlo, y, si se tienen en cuenta los perfeccionamientos acumulados, casi cabría decir que ese número del universo es una función del tiempo.

Ristras del discurso pronunciado, en calidad de delegado de la Academia Francesa, con motivo de la ceremonia de "Conmemoración del centenario de la aparición de la Fotografía en el mundo" celebrada en el gran anfiteatro de La Sorbona. París, 7 de Enero de 1939.