La letteratura è una difesa contro le offese della vita

(La literatura es una defensa contra la ofensa de la vida)

Cesare Pavese



Te encuentro allí
rodeado de notas
anuncios burocráticos y presupuestos
en aquella esquina mísera
en la que te colocaron
aquellos que ignoran
que Canoabo inicia colina abajo
donde asciende ese viento del Policastro
con olor a naranjas y sudor

Tu imagen blanca en esa esquina
es el símbolo evidente de la catástrofe

No me atreví a tocarte
pero mirándote quise -por un momento-
contarte del aire tibio del mar
de la luna en creciente
sobre el golfo nublado
de los vicoli que llevan siempre
al mismo sitio

Porque
a pesar de que las estaciones pasen
las cosas vayan y vengan
se arrinconen los bustos
y se cerquen los senderos
tus versos permanecerán
para aquellos que entiendan
que el poema comienza
en el gajo de una naranja




A Vicente Gerbasi
Honrado y humillado en Vibonati

5 comentarios:

Unknown dijo...

Escribes tan limpio, no sé como explicarlo pero yo no puedo hacerlo así, con ese orden de la palabra tan bien colocada, cuidada, las imágenes, sin apresuramientos. Parece como contemplar una pintura de la antiguedad, mis textos son tan diferentes, como sacados rápido de mi alma sin pensar mucho en el orden, debo tener más cuidado.
un abrazo

Carlos Eduardo Fuenmayor dijo...

A mi me pasa igual que a Cynthia
yo me derrumbo, lluevo sobre la hoja
No existe otra forma para mi
***************************
Muy bueno tu poema
UN ABRAZO

post-scripta dijo...

"El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día..."

V.G.

Gracias por traerlo
Hermoso poema

Dos besos

Elena dijo...

Qué belleza tan clásica tiene este poema.
Admirable, realmente.
Le agradezco el compartir-se con los lectores.
Elena.

Fedosy Santaella dijo...

Qué triste esquina, menos mal que tus palabras dignifican al maestro, e iluman el patético rincón burocrático donde ha quedado su busto en un lejano Vibonati.

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